WALTER BENJAMIN

La obra de arte ha sido siempre fundamentalmente susceptible de reprodución. lo que los hombres habían hecho, podía ser imitado por los hombres. Frente a todo ello, la reproducción técnica de la obra de arte es algo nuevo que se impone en la historia intermitentemente, a empellones muy distantes unos de otros, pero con intensidad creciente.

En el curso de la Edad Media se añaden a la xilografía, el grabado en cobre y el aguafuerte, así como la litografía a comienzos del siglo diecinueve.

Con la litografía, la técnica de la reprodución alcanza un grado fundamentalmente nuevo. El procedimiento es mucho más preciso. La litográfia capacitó al dibujo para acompañar, ilustrándola, la vida diaria. Comenzó entonces a ir paso a paso con la imprenta. Pero en estos comienzos fué aventajado por la fotografía. El ojo es más rápido captando que la mano dibujando; por eso se ha apresurado tantísimo el proceso de la reproducción plástica que ya puede ir a paso con la palabra hablada. Al rodar en el estudio, el operador de cine fija las imágenes con la misma velocidad con la que el actor habla.

Resumiendo podremos decir : en la época de la reproduucción técnica de la obra de arte lo que se atrofia es el aura de ésta. El proceso es sintomático ; su significación señala por encima del ámbito artístico. Conforme a una formulación general : la técnica reproductiva desvincula lo producido del ambito de la tradición. Al multiplicar las reproducciones pone su presencia masiva en el lugar de una presencia irrepetible. Y confiere actualidad a lo reproducido al permitirle salir, desde su situación respectiva, al encuentro de cada destinatario. Ambos procesos conducen a una fuerte conmoción de lo trasnmitido, a una conmoción de la tradición, que es el reverso de la actual crisis y de la renovación de la humanidad. Están además en estrecha relación con los movimientos de masas de nuestros días. Su agente más poderoso es el cine.

Y la reproducción, tal y como la aprestan los periódicos ilustrados y los noticiarios, se distingue inequivocamente de la imagen.

La producción artística comienza con hechuras que están al servicio del culto.
El alcance que el hombre de la Edad de Piedra dibuja en las paredes de su cueva es un instrumento mágico. Claro que lo exhibe ante sus congéneres; pero está sobre todo destinado a los espíritus. A medida que las ejercitacipones artísticas se emancipan del regazo ritual, aumentan las ocasiones de exhibición de sus productos. Con los diversos métodos de su reproducción técnica han crecido en grado tan fuerte las posibilidades de exhibición de la obra de arte.

El actor de teatro presenta él mismo en persona al público su ejecución artística; por el contrario, la del actor de cine es presentada por medio de todo un mecanismo. Al cine le importa menos que el actor represente ante el público. Un personaje; lo que le importa es que se represente así mismo ante el mecanismo.
Con la creciente espansión de la prensa, que proporcionaba al mismo público lector nuevos órganos políticos,la distinción entre autor y público está por tanto a punto de perder su carácter sistemático.

Todo ello puede transponerse sin más al cine, donde ciertas remociones, que en la literatura han reclamado siglos, se realizan en el curso de un decenio.

El cine no sólo se caracteriza por la manera como el hombre se presenta ante el aparato, sino además por como con ayuda de éste se representa el mundo en torno.

Ultimamente el dadaísmo ha rebosado de semejantes barbaridades. Sólo ahora entendemos su impulso: el dadaísmo intentaba, con los medios de la pintura (o de la literatura respectivamente), producir los efectos que el público busca hoy el cine.

Quien se recoge ante una obra de arte, se sumerge en ella; se adentra en esa obra, tal y como narra la leyenda que ocurrió a un pintor chino al contemplar acabado su cuadro.

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